Mi unicornio azul…

cropped-350c4eda-9662-4e47-b784-da6b2db33642.jpg“Mi unicornio azul ayer se me perdio,

   pastando lo dejé y desapareció…”

Una vez te hablé por teléfono al centro de rehabilitación. Una de tantas. Y nos pusimos a llorar. Y te dije que como me gustaría poder ponerte en una cajita de cristal donde nadie te tocara, donde nadie te pudiera hacer daño y nunca te volvieras a sentir solo. ¿Te acuerdas?

Esa madrugada del 13 de Septiembre, en donde el tiempo se detuvo, me estabas dejando y yo no lo sabía. Y que lejos estaba de poder cuidarte y de poder estar contigo. Y cuando me dijeron me perdí, y me puse a llamar a todos porque yo no creía que fuera cierto, y todos me dijeron que si. Y que duro fue regresar y volver a ver todas esas calles y esos lugares que recorrimos y que eran tan importantes para los dos, pero que ahora ya habías dejado atras y que yo tenía que caminar solo. Y me alejé de todos y me encerré en mi cuarto. Y solito lloré. Y lloré y me desbaraté y en un momento pensé que me iba a volver loco porque no podía soportar. Yo no podía ni quería entender que estuviera pasando. Yo pensaba que no era cierto, que habían inventado todo, que algún día ibas a aparecer de repente. Yo pensaba eso y tantas idioteces mas.

Y escuchaba la música que cantábamos juntos y me venían tantos recuerdos y tantas cosas especiales. Y de repente en medio de las lagrimas me soltaba riendome de tonterías que hacíamos y que decíamos.

¿Como te puedo decir con palabras lo que te demostré con mi tiempo, mi esfuerzo, mis abrazos, mis hechos y todo mi amor? ¿Como te puedo decir con palabras lo mucho que te extraño y que me haces falta todos los días, y que toda mi vida sería diferente si estuvieras aqui, si no te hubieras ido?

Fuiste y eres alguien grande e impresionante para mi. Me cambiaste la vida para siempre.

Me acuerdo mucho la ultima vez que nos vimos. Veníamos a mi casa y todo el camino me traías beso y beso en el cachete y abrazo y abrazo. Siempre fuiste cariñoso conmigo, pero esa vez en particular estabas mucho mas cariñoso que otras veces. Y me dijiste: Mira, tu siempre estas buscando y rogandole cariño a la gente. El cariño no se pide ni se ruega, no lo hagas. El cariño nace solo, asi como me esta naciendo a mi ahorita contigo.

Despues nos despedimos. Nos abrazamos en la esquina y nos dimos un beso en la mejilla. Te dije que te cuidaras y que te queria mucho y tu me dijiste: Yo tambien.

Gracias por todo. Por dejarme hacerte reir y hacerte enojar, por las miles de fiestas, por la vez que sali corriendo de la casa en boxers y saliste corriendo detras de mi con el pantalon en la mano y regresamos atacados de risa, por las veces que cantamos en el karaoke y con mi guitarra, por las cartas de ida y vuelta que aun guardo, por las veces que caminabamos abrazados y borrachos riendonos por toda la calle a media noche, por las veces que me escuchaste y nos platicamos secretos, por las noches que nos sentabamos en la puerta a contarte de las estrellas y las constelaciones, por las veces que me abrazaste para llorar y que me dejaste abrazarte para llorar. Gracias por TANTO amor.

Una vez me dijiste: Tenías razon, tu decías que alguna vez, cuando todos se fueran, tu siempre ibas a estar aqui, y aqui estas.

Y aqui sigo, mi hermano del alma.

Te quiero con todo mi ser Armando. Y asi como siempre sucedió aqui, algún día te volveré a encontrar alla…

Mi amigo, mi hermano, mi sangre…

Adrián

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13 de Septiembre…

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Muchas cosas pasaron en mi vida desde aquel entonces, amigos nuevos, historias nuevas, volví a la iglesia, el amor…

Pero, como en capítulos anteriores, quiero centrarme en Armando puesto que por sobre la mayoría de las cosas, fue lo mas fuerte que sucedió en ese momento de mi vida, y estoy encaminando este relato hacia el momento mas duro que he vivido hasta el dia de hoy.

Despues de esa vez nos seguimos viendo, algunas veces mas frecuente, algunas veces menos. Por aquel entonces yo tenía mas obligaciones, tambien había llegado el amor a mi vida (por un rato, pero valió la pena). Y una buena vez, andando con mi amigo Roc (un amigo de Dallas que conocí por aquellos dias y que siempre se ha portado como un muy buen amigo), fuimos a buscarlo y terminamos de fiesta los tres en casa de Roc. Todo iba bien, platicamos, nos reimos, nos divertimos, hasta ese momento en el que el nivel de alcohol sube mas de lo debido. Roc había ido al baño y Armando y yo empezamos a discutir por una tontería. Tratamos de llevar a Armando a su casa pero estaba muy tomado, se metió a bañar. Saliendo volvimos a discutir y el empezó a caminar , y yo detras de el. Yo trataba de detenerlo pero en el forcejeo nos insultamos y en un punto el me levantó la mano. Fueron un par de golpes, ni siquiera con toda su fuerza, pero me dolieron en el alma. Creo que despues de años de guardarnos cosas que decir, explotamos en el peor momento. Yo decidí alejarme de el. Paso Navidad y Año Nuevo y el trató de acercarse conmigo pero no lo dejé, excepto por Año Nuevo que le llame a la media noche a desearle un feliz año y mandarle un abrazo. Paso el tiempo, supe que no le iba bien en su vida pero me mantuve al margen, hasta que me entere que por voluntad propia se internó en un centro de rehabilitación a las afueras de la ciudad. Supuestamente nadie en la familia sabía donde, y como si todo se acomodara, gracias a un amigo supe en cual lugar. Mi fiel amiga Juana me llevo un Sabado, y otra vez, ahi lo volví a encontrar. Nos saludo, salimos al patio a platicar, y en un momento que Juana nos dejó solos, como si estuviera esperando ese momento con ansias, Armando se lanzó fuerte contra mi, me abrazó y me dijo: Perdóname. Lo abracé tambien y le dije: Perdoname tu a mi.

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Esos dias en el centro de rehabilitacion fueron de sanar muchas cosas. Le hablaba por telefono entre semana, los fines le daban permiso de salir conmigo y lo llevaba a comer y a comprar cosas. A pesar de ser un momento dificil, estuvimos muy juntos y pasamos cosas muy especiales. Yo lo animaba a que se quedara y terminara el tiempo que debía de ser, pero por motivos suyos, decidió salirse, nuevamente busco la manera de irse a El Paso, Tx. con su familia y se fué.

Por motivos que no contaré, porque no me corresponden, volvio a dar a la carcel y fue reincidencia por ser ilegal. Esta vez fueron alrededor de 8 meses. Volvi a buscar en las carceles, me puse en contacto con su abogado, al que tuve la oportunidad de conocer en persona y tener una breve amistad, y estuve en contacto con Armando por medio de cartas que mis amigos Roc y Elsa nos ayudaban a intercambiar, asi como ayuda que alguna vez le envié. Salió finalmente, y seguimos en contacto pero mas distanciados. Supe que fue a vivir con un primo mio y despues supe que no andaba en buenos pasos.

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Armando me contaba todo de su vida, excepto las “cositas” malas que hacía. Decía que le daba pena conmigo y muy poco o nada supe de lo que pasaba con el. Seguiamos hablandonos esporádicamente hasta que a principios del 2010 el me empezó a buscar mas seguido. Se sentía fuerte la soledad por cosas que habían pasado. Para ese entonces el había rentado una casa en donde vivia solo. Y aunque el me decia que estaba trabajando, que las cosas iban bien, yo me daba cuenta que no. Su actitud conmigo era la misma, era cariñoso, jugueton, pero el ya no era el mismo. Poco a poco fue cambiando y lo sentía ensombrecido, perdido en su mundo. En alguna ocasion me llamo por telefono llorando, diciendome que tenía miedo por su vida, que tenia miedo de no volverme a ver. Afortunadamente no fue asi. Lo empecé a visitar seguido a su casa. Por telefono me contaba de que queria buscar a Dios en alguna iglesia, de lo solo y lo mal que se sentía, pero al estar juntos en persona cambiaba, se ponía alegre, de buen humor. Yo siento que mi presencia le levantaba el animo, y poniamos musica, y cantabamos canciones de La Oreja de Van Gogh y le daba animos para que siguiera adelante, y le cantaba. Como le gustaba oirme cantar.

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Pero yo veía como estaba cambiando para mal, y a la vez como trataba de salir. Alguna vez lo lleve a casa de su Papa para reconciliarse, porque el solo lo pidió. Y el buscaba salir, y me pedía que lo volviera a jalar conmigo y mis amigos, y yo le dije que si, que se tenía que levantar. Pero yo lo veía como se seguía yendo para abajo en su depresión, como despues dejó de escuchar mis consejos hasta el punto de colgarme el telefono. Yo veía como su lucecita se iba apagando y como me frustraba no poder hacer nada. Yo siempre en la vida lo busqué, lo encontré e hice todo lo que estaba en mis manos para que se levantara, para verlo feliz y verlo sonreir. Pero esta vez perdí poder y no podía hacer nada por mas que trataba. Veía como mi hermano ya no era el mismo de antes y cada vez se iba mas.

Por aquel entonces planeé unas vacaciones con mi Mama Minerva y mi hermano Mario. Fuimos a Torreón y de ahi al Edo. de México a ver a mi hermano Carlos. De regreso paramos nuevamente en Torreón, en donde yo y mi Mama pasaríamos otra semana, y Mario se regreso a casa, tal como lo planeamos.

Era la madrugada entre un Domingo y un Lunes, el 13 de Septiembre del 2010. Me desperté de repente, la noche estaba tranquila, demasiado tranquila, tanto que me llamó la atención como algo particular. No había ruido. Todo estaba en paz. Caminé por la recamara, prendí un cigarro y me senté en la ventana a ver la noche. Ni siquiera pensaba en nada importante, simplemente me senté a disfrutar la noche. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido…

Todo cambia

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“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…
  pasar haciendo camino, camino sobre la mar…”

Dicen que nada es para siempre. Yo no creo del todo en este dicho. Yo creo que hay cosas que duran toda la vida pero cambian muchas veces durante el camino, pasan, florecen, se secan, hibernan y finalmente vuelven a reverdecer y a continuar con el ciclo. Solo la muerte marca un fin definitivo, al menos en este mundo terrenal.

Armando y yo seguimos estando cerca, aunque cada vez un poco menos que antes. Yo me reencontré con una de mis mejores amigas de la adolescencia, Juana, y empezamos a trabajar en el mismo lugar. Ahi conocímos amigos, Aldo fue quién formo una tercia con nosotros y disfrutábamos de todo, de nuestra juventud y de nuestra inmadurez. Y a esa edad como se disfruta la inmadurez. Visitaba seguido a Armando, me gustaba ir y pasar tiempo con mi sobrino, con mi chinito. Mis visitas eran mas bien de dia, mas bien familiares, aunque algunas veces salíamos Armando y yo de fiesta, cosa que no le agradaba mucho a Laura, su mujer. Pasaba la mayor parte del tiempo con mis amigos, las fiestas eran intensas, pero dentro de lo normal. Al menos nunca terminamos en una estacion de policia por tonterias de borrachos… ¿o sí?

Siendo que Armando había vuelto a su vida como padre de familia, cambió, en cierto modo, de ser mi complice a ser como un hermano mayor. Me escuchaba, me entendía, pero también me regañaba y me ponía los pies en la tierra. Se notaba mas madurez en sus acciones que en las mias, y era lógico, el tenía responsabilidades que yo no.

Las cosas con mi madre de sangre y mis hermanos se calmaron. Mario empezó de novios con Claudia, su esposa hasta la fecha de hoy (y esperemos que por toda la vida), Carlos conoció por internet a Naidú, su cybernovia por casi un año, del Edo. de México que terminó convirtiendose en su esposa y la madre de sus hijos y siguen juntos hasta hoy (tambien esperemos que por toda la vida). Mi relación con mi Mama Bertha mejoró muchisimo, nos volvimos mas amigos que antes, nos daba gusto vernos y platicar horas. Todos los errores del pasado se fueron olvidando. Entre las subidas y bajadas normales de la vida, puedo decir que fueron meses intensos pero a la vez tranquilos, sin problemas mayores. Simplemente yo disfrutando de mi juventud con mis amigos, finalmente liberado de varias cadenas que me habían atado por años, sanando heridas. Me sentía fuerte.

 

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Como mencioné, visitaba seguido a Armando y su familia, pasaba tiempo con ellos, empecé a tener una buena relación con Laura. Pero todo cambia en la vida. Un día, estando sentados en la camioneta de Armando, me dió una noticia que me dolió y que me preocupó. Se mudaría toda la familia a la vecina ciudad de El Paso, Texas. Los niños nacieron alla, eran americanos por nacimiento, Laura esperaba su residencia en el pais, y Armando cruzaría ilegal. Y sentados en esa camioneta nos quedamos en silencio escuchando esa canción de Tropicalisimo Apache, “Viento”. Yo no podía cruzar, no tenía pasaporte.

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Empecé a visitarlos mas seguido, hablabamos del tema. Me dijeron que unos meses despues de irse, vendrían a bautizar a los niños, que iba a poder seguir viendolos, a ellos, a mi chinito. Paso el tiempo demasiado rapido y finalmente se fueron. Estuve pendiente de que estuvieran bien, todo por medio de mi Tía Cuca, con ellos perdí comunicación por un tiempo. Había pasado por muchas cosas en la vida, demasiadas emociones, demasiada intranquilidad. Por fin había hallado un momento de paz, sanando heridas, pero a mitad del camino me volví a caer. Perder a mi hermano en ese momento fue la gota que derramó el vaso. Fue el 2005 el peor año de mi vida. Me tiré al alcohol como nunca. Mis amigos me siguieron, pero aun sin estar ellos, yo vivia en mi casa mi depresión, bebiendo y fumando desde que amanecia hasta que volvía a dormir. No puedo recordar exactamente esos dias, simplemente eran todos iguales, todos vacíos, todos el mismo. Afortunadamente poco tiempo despues Laura empezó a visitar a mi Tia Cuca y podía a ver a mis sobrinos de vez en cuando, pero ella volvió a cambiar su actitud conmigo. Yo no podía llamarle a Armando, no tenía un numero a donde, siempre me decían que no tenían telefono. Y yo sabía que era mentira. Y no entendía porque mi hermano, que tanto me quería, no hacía nada por buscarme, por cumplir las promesas que me hizo. Me sentí solo, olvidado, traicionado.

De tantas veces que logré ponerme de pie, esta vez tardé mucho. Pero vuelvo a decirlo, Dios siempre manda angeles, y a mitad de ese año llegó el primer hijo de mi hermano Mario, mi sobrino Mario Adrián. Y volví a tomar fuerza, y empecé a levantarme nuevamente. Finalmente, ante mi insistencia, y mi Tia Cuca viendo mi desesperación, pude tener el numero de telefono de Armando. Y si en algún momento me sentí decepcionado o hecho a un lado, esa tarde se acabó. Le llamé y nos saludamos con todo el cariño del mundo. Platicamos, nos contamos cosas, había tanto que contar. El pidió disculpas en cosas, pero hablamos las cosas como eran en realidad. Lo comprendí. Duramos tres horas en el telefono y aun asi nos quedamos con cosas que decir. Obviamente este “reencuentro” me dio muchos animos. Volví a encontrar trabajo, mi vida empezó a subir poco a poco, claro que influyo el volver a sentir a mi hermano cerca pero tambien me impulsaba en gran manera mi sobrino Mario Adrián y mis propias ganas de estar bien.

Y como nuevamente, las cosas siempre cambian, encerraron a Armando por cruzar de manera ilegal. Fui a la primer persona que busco, yo me puse en contacto con la carcel y su abogado de oficio pero no había nada que hacer. Solo esperar. Fueron entre 2 y 3 meses de preocupación y espera, hasta que una noche, sin esperarlo, me llama por teléfono una voz conocida y me dice: Ponte guapo cabron, que ahi voy por ti.

Y ahi lo volví a encontrar, afuera de mi casa, nos dimos un abrazo fuerte, salimos a festejar toda la noche, como antes. Reimos, cantamos, nos emborrachamos y en algun punto de la mañana terminó en mis brazos ahogandose en llanto como un niño asustado, contandome cosas que había pasado. Y ahi estaba yo otra vez, de pie para el, haciendome el fuerte para poderlo sostener, pero feliz. Feliz de tenerlo de vuelta en casa, de poderlo abrazar vivo y sano.

Vivo y sano…

Entre el suelo y el cielo

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Fueron años de demasiadas emociones, la muerte de mi abuela, la separación temporal con mi familia adoptiva, el enterarme sobre mi adopción y callarlo por ocho largos años, después finalmente conocer a mi familia, pasar buenas y malas con ellos y finalmente acercarme a Armando, que marcó un parte aguas en mi vida. Estos breves renglones apenas alcanzan a resumir tantas cosas que sucedieron y que fueron marcando mi vida de manera permanente, que fueron dejando secuelas crónicas, sin embargo puedo decir que sucedieron muchas mas cosas bonitas. Y al mandarme Bertha a la cárcel se cerro completamente un capitulo en mi vida, de golpe y de una manera inesperada.

Regrese a vivir con mi Mama Minerva por algún tiempo hasta que decidí empezar otra historia nueva. Ya fuera de casa de Jesús y Bertha, aun siguieron las amenazas de ella por el descontento que le causaba mi amistad con mi primo Armando. Pero ella ya no podía hacer nada, y Armando y yo habíamos encontrado a un verdadero hermano uno en el otro, poco nos podría importar lo que los demás pensaran. ¡Y vaya si hablaron de nosotros!

Platicábamos de día, platicábamos de noche, nos contábamos todo, desde las cosas mas privadas hasta las mas simples y tontas. Jóvenes a fin de cuentas, la pasábamos de fiesta, ya fuera solos o con mis amigos Fernando, Wolfgang, algunas veces mi hermano Carlos, a veces en algún antro del centro, a veces en un bar de trova. Y casi siempre terminábamos llegando a dormir en la camioneta van de mi tío Tello, en donde Armando se las ingenio para colgar un walkman que nos servia como radio, y en la que pasabamos todo el dia siguiente curándonos la “cruda”, platicando y jugando.

Era una unión muy fuerte que llamaba la atención. Armando había tenido muchas perdidas igual que yo, teníamos miedos, ideas, cosas que contar, nos sentíamos muy solos y echos a un lado. Y aprendimos a curar eso entre nosotros. Recuerdo esas platicas profundas, muy intensas y en cierto modo hasta terapéuticas, de desnudar el corazón completamente y sacarlo todo hasta el punto de terminar abrazados llorando y prometiendonos que nunca mas íbamos a estar solos, que siempre nos tendríamos el uno al otro.

Mi tío Angel, que en ocasiones estuvo muy cerca de nosotros, decía que Armando y yo eramos uno solo. Y así creo que era. Encontré en el al mejor amigo del mundo, que mas que mi primo era mi hermano, una parte de mi. Y estoy seguro que el encontró en mi lo mismo, el siempre me lo dijo.

Desde un principio habíamos pensado en rentar un cuarto, en tener nuestro “departamento de solteros”, donde pudiéramos hacer lo que quisiéramos sin que nadie nos regañara. Algunos meses después de haber regresado a vivir con mi Mama, Armando vivía en casa de su mujer, Laura, y por aquel entonces ellos tuvieron algún problema y ese día me llamo diciendo que fuera en la noche por el al trabajo, que esa noche nos mudábamos a vivir solos. Pensé que era broma hasta que llegué por el y vi todo muy serio. Fuimos por algunas cosas a casa de Laura, nos instalamos en una casa de renta que pertenecía a una persona para la cual Armando realizaba trabajos de albañilería, nos dio oportunidad de pagar el anticipo en abonos y nos prestó un colchón para dormir. Veintidós años cada uno, bendita juventud llena de energía y ánimos. Fuimos a comprar café y cigarros y regresando a la casa nos acostamos en el colchón ese a fumar y a platicar. No podíamos creer lo que estaba pasando, por fin lo habíamos hecho, y estábamos como dos niños con juguete nuevo. En aquel entonces yo trabajaba en la mañana, el consiguió un nuevo empleo en la tarde, en realidad no nos veíamos mucho entre semana, aunque siempre que llegaba el, alrededor de las dos o tres de la mañana, me despertaba para platicar, y de las maneras mas locas, a veces saltando sobre mi para asustarme y a veces gritando a todo pulmón desde fuera “¡Abreme, ya llego tu padre!”.

Alguna ocasión llegué a la casa y, en una silla colocada a propósito frente a la puerta, encontré una carta, carta que guardaré siempre en mi alma y en mi corazón y de la que solo compartiré la siguiente imagen:

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Pasamos un sin fin de cosas en esa casa, tantas como para poder mencionarlas aquí. La mayoría de las cosas fueron cosas muy positivas, muchas risas, muchas anécdotas curiosas, y claro que también, como en todo, a veces alegatas y  a veces pleitos que siempre se arreglaban cinco minutos después de la discusión. En aquel entonces nos ayudo mucho por un tiempo mi amigo Juan, porque algunas veces nos quedábamos sin dinero y el nos ayudaba a comprar comida y nos hacia compañía, aunque generalmente estábamos siempre Armando y yo solos, salvo las veces que tambien nos visitaban mi tío Angel, mi primo Jorge o mi hermano Carlos. Creo que aprendímos muchas cosas, pero al mismo tiempo fallamos en otras tantas. Las cosas empezaron a cambiar, empezamos a tomar mas, empezamos, como se dice, a hacer mas “desmadre”. Y las cosas fueron yendo de mal en peor, por lo mismo empezo a faltar el dinero, empezamos a empeñar cosas, la casa se empezo a sentir mas fria y sola hasta que un buen día decidí salirme. Yo sabía que si yo me salía el solo no iba a poder sostener la casa y se iba a regresar a casa de Laura y nos ibamos a portar mejor estando cada uno en su casa. Una mañana, sin haber dormido toda la noche, nos sentamos en la puerta de la casa y rompí el silencio diciendole que me iría de la casa. Me insistió que no me fuera con los ojos llorosos. Dormimos un rato y al día siguiente volvió a insistirme. Se que me guardo algo de resentimiento por esa decisión pero funcionó. Logramos salir del problema y de ese círculo vicioso en el que nos habíamos hundido.

Fueron días interesantes, pero para mí fueron muy difíciles, porque pasaba la mayor parte del tiempo solo. Viví entre soledad, tristeza, pero también alegría y derroche. Y en ese momento de oscuridad y luz, y como siempre Dios manda angeles para corregir nuestro camino, ese año nació el cuarto hijo de Armando, mi sobrino Armando Jr., my chinito del alma. Y me cambió la vida en ese momento, y me recordó lo que es dejar de voltear al suelo y voltear al cielo. Y se volvió en el centro de mi atención. Fué una de mis razones mas fuertes para dejar esa casa y buscar lo mejor para Armando y para mí.

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Despues de regresar cada quien a su casa las cosas siguieron practicamente igual que antes de la aventura. Pero vendrían cosas mas adelante, cambios fuertes y una separación muy dolorosa para mi.

Prisionero

zz_IMG_5217_Terezin_Block_A_solitary_cell_inside-800x533Contaba en el capítulo antepasado de como aquella noche Armando y yo nos conocimos verdaderamente y como, sin saberlo, hicimos una promesa que, pese a todo lo malo que vendría, se volvió realidad. Y de la noche a la mañana Armando y yo nos volvimos en compañeros para todos lados. Salíamos a la calle con los amigos, regresábamos, pasábamos horas hasta tarde contándonos todas nuestras cosas, nuestras aventuras, nuestros miedos. Empecé a entender los problemas que le dolían dentro y el entendía los míos. Nos fuimos volviendo en los mejores amigos y confidentes, eramos primos pero nos queríamos como hermanos. Y los demás se extrañaban de como de repente hubiera nacido tanta amistad, pero yo creo los dos estábamos en un punto en donde encontramos el uno con el otro un hombro y cariño para sostenernos, un cariño muy distinto a todos los demás que teníamos cerca. No teníamos miedo de contarnos todo, no teníamos miedo de llorar uno frente al otro y de abrazarnos para consolarnos. Cada uno tenía en sus vidas heridas y perdidas que curar y nos volvimos en “medicos”, uno del otro. A algunos que nos conocían les dio gusto, a otros les dio igual, pero a Bertha no le gustó para nada la idea.

Creo que habían varios motivos para que Bertha se opusiera totalmente a nuestra amistad y hermandad. Uno de esos motivos era que yo era el niño “bueno” de la familia y Armando era un desmadre, pero yo creo que lo que mas pesó fueron los problemas entre Bertha y la familia de mi Tia Cuca, la abuela de Armando. Me gané muchos problemas y discusiones con ella, pero a mi no me importaba. Yo sabía que no hacíamos nada malo y yo sabía que Armando era un regalo que Dios me estaba haciendo. Finalmente una noche que yo no estaba en la casa, Armando tuvo un pleito fuerte con mi padrastro y terminó por irse de la casa en ese momento. Cuando regresé todos dijeron que Armando me había dado la espalda y que dejara de defenderlo y de buscarlo. No lo creí, todo era un juego de palabras. Y pasaron días y yo no sabía en donde estaba, hasta que una noche, que no estaban Bertha ni Jesus, fue a buscarme. Nos sentamos en la esquina, platicamos, me dijo que el nunca me había fallado ni me fallaría y dijo que sería bueno irnos, buscar un lugar para vivir lejos de tanto problema. Yo no entendía porque tenía que ser un problema el hecho de que dos primos se volvieran hermanos y fueran tan unidos, no eramos ni los primeros ni los últimos, ni era algo malo. Pero Bertha era muy celosa y posesiva, y ella lo veía como algo terrible. Armando por su lado defendía nuestra amistad y se ponía en un papel contra ella. ¿Y yo?… Yo nada mas en medio buscando un poquito de paz y de cariño después de tantas cosas.

Por ese entonces Jesus nos pedía dar a la casa dinero, el dinero era directamente para Bertha, y era nuestra manera de aportar. No lo voy a negar, yo me rehusaba varias veces a darlo porque ademas yo solo ganaba 500 miseros pesos que apenas me alcanzaban para ropa o alguna salida o cualquier cosa que hace un joven de 21 años. Y esta fue la excusa y el talón que se quebró y que ocasionó lo que vino en seguida.

Quiero platicar un momento de mi vida que para mi fue duro y triste. No quiero dejar en mal a Bertha, todas estas cosas han quedado perdonadas y yo en cierto modo comprendo los miedos que tuvo, pero debo, por respeto a mi mismo y a este proyecto de mi blog, contar las cosas como fueron.

Andando con Armando una noche, caminábamos los dos hacia la casa. El vivía con mi tía Cuca que tenía su casa a la vuelta de la nuestra. Preocupado, entre la platica, le comenté a Armando que no tenía dinero para dar a la casa, que Jesus me iba a regañar y me iba a correr. Armando me dijo pase lo que pase, tu no digas nada, no te ganes mas problemas, no les digas nada malo. Así lo decidí y entre a la casa. Estaba Bertha sola y mi hermano Carlos en la recamara dormido. Me acerqué con ella, le dije que estaba preocupado por no tener dinero, que hablara con Jesus. Ella solo respondió: Yo no se hijo, eso es algo entre ustedes y el, habla con el. Sin gustarme mucho la respuesta me despedí y me subí a dormir. Carlos ya estaba dormido y me acosté. No mucho después escuché llegar a Jesus y a Bertha hablando con el. Subiendo las escaleras, intempestivamente abrió la puerta, prendió la luz y me dijo: ¿Que me tenías que decir?. Medio dormido contesté: Que no tengo dinero para dar esta semana. Sin preguntar mas me dijo: Mañana mismo agarras todas tus chingaderas y te largas de la casa. Acto seguido salio del cuarto y yo me levanté molesto, harto de ser rechazado y de sentirme pisoteado. Bajé las escaleras por un cigarro y le dije: ¿Mañana? Mañana no, de una vez. Subí las escaleras a guardar mis cosas en mi mochila. Mi hermano Carlos se despertó, supo que sucedía y me pedía que no me fuera, que el me daba dinero para que les diera pero que me quedara y se puso a llorar. Lo abracé, le dije que no se preocupara, le di un beso en la frente y me fui. Con toda la emoción de la platica, mi enojo y mi ansiedad por irme olvidé mi mochila. Salí con un azotón de puerta ignorando la voz de Bertha que me pedía esperarme, y caminé a casa de mi tía Cuca. Mi intención era despedirme de Armando y caminar para tomar un taxi con el poco dinero que tenía. Había una camioneta tipo van afuera de la casa de mi tía Cuca, era de Tello, el esposo de mi tía Raquel. Esta camioneta era nuestra “casa” cada vez que Armando y yo salíamos de fiesta. Siempre regresábamos a dormir ahí dentro, y al día siguiente nos pasábamos literalmente todo el día ahí echados, oyendo música y tonteando. Esa noche estaba ahí Armando con Laura, su mujer, mi tía Cuca y los niños, mi sobrina Ashley estaba de meses apenas. Llegué casi llorando de coraje y le conté todo Armando. En ese momento entraron a pie Bertha y Jesus al callejón donde estaban las casas de mi tía Cuca, al fondo, y de mi abuela al otro lado. Armando los alcanzó a ver y dijo: Ya estoy hasta la madre de que nada mas te estén maltratando. Se levanto de donde estaba sentado, camino hacia atrás de la camioneta, y se paró frente a ellos de forma defensiva. Bertha solo dijo que quería saber si yo estaba ahí y se fueron. Regresó Armando conmigo, adentro de la camioneta y me puse a llorar. El siempre me calmaba, el siempre tenía un abrazo y sabía que decir. Fuimos a cenar a un puesto cerca, no me dejó irme a esas horas de la noche, me dijo que me quedara ahí con el, y regresando de cenar el se fue a dejar a Laura y a los niños a casa de ella.

Estando afuera de la casa sentados mi tía Cuca, mi tia Raquel y su esposo Tello, llego Bertha. No para ver como estaba, no para pedirme regresar. Para pedirle a ellos que me corrieran de la casa, que no me dejaran quedarme ahí. Tello fue el primero en oponerse, después mi tía Raquel y mi tía Cuca. Bertha – dijo mi tía Raquel –no podemos echarlo, el es buen muchacho y todos aquí lo queremos mucho. Estoy segura que tu harías lo mismo por cualquiera de mis hijos. Al ver que no lograba nada se despidió. Regresó Armando, le conté todo, y nos quedamos a dormir en la “legendaria” camioneta. Al día siguiente Armando y mi tío Angel iban a salir temprano a buscar trabajo, yo me iría con ellos y de ahí a mi casa. El único problema era mi mochila. Nos despertamos, Armando se metió al baño y recuerdo quedarme yo afuera con un cigarro. Me acerqué a la camioneta a verme en uno de los espejos retrovisores y recuerdo sentirme tan disgustado por lo que veía. Yo ya no era el niño noble que soñaba, que creaba cosas, que sentía cariño por todo lo que me rodeaba. Me había llenado de tantos resentimientos y miedos. Me sentía desterrado, sucio, como el que pierde la batalla y entonces recoge todos los pedazos que quedaron en el suelo, los guarda en el mismo costal donde antes los cargaba orgullosamente, y se retira con pasos cansados y la mirada clavada en el suelo. Le dije a Armando que iría a la casa por mi mochila y nuevamente me dijo: No les digas nada, tu tranquilo. Salí de la casa y al caminar hacia la salida del callejón venía Bertha. ¿No fuiste a trabajar? me dijo tranquila, y antes de responder, al momento de llegar al lado de ella me tomó del antebrazo con las uñas y hablando quedito, con voz áspera y fuerte dijo: Perro malnacido, en toda la noche no pude dormir pensando en quien sabe que tanto les habrás contado a estas mujeres de mi. Ahorita te largas y quiero que traigas todas las cosas que tienes de tus hermanos en tu casa. Como pude me solté y seguí caminando, le dije que iba por mi mochila y que no me volvería a ver. No se que tantas cosas me dijo en el camino, entre en la casa, mi padrastro dormía, y busqué la mentada mochila por la sala, no recordaba donde la había dejado. Al ver que la ignoraba volvió a detenerme con las uñas y yo, en mi prisa por irme rápido y evitar un problema con Jesus, la empujé y subí las escaleras corriendo. No encontré la mochila, Carlos se la había llevado al trabajo para entregármela, trabajábamos donde mismo. Mario se despertó con los gritos de Bertha y preguntó que pasaba. Lo abracé, le di un beso en la frente y le dije: Nada, ya duérmete. Saliendo de la recamara Bertha comenzó a golpearme y mi actitud era únicamente de evadirla y salir corriendo de ahí. Bajé las escaleras, salí, y al momento de abrir la reja me jaló de la camiseta y la rompió. Nuevamente me solté de ella y camine con la camiseta desgarrada, sentí como me seguía y como me golpeaba una piedra en la espalda. Al dar vuelta a la esquina me quite la camiseta y la aventé a un lado. Entrando a casa de mi tía Cuca se extrañaron de verme sin ropa arriba y les conté lo que sucedía. Mi tía me planchó una camiseta de Armando y de repente entro mi tío Angel asustado. Oye, ¿le pegaste a Bertha? – me preguntó. No –respondí rápidamente, extrañado. Esta aquí al lado con tu abuela, dice que le pegaste –dijo incrédulo a las palabras de ella. La ignoramos, me vestí, y al salir los 3 de la casa, yo por delante, veo a Bertha en la entrada del callejón con una camioneta de policía. La sangre se me fue a los pies.

 

Voltee con Armando, les dije que se fueran, que no quería que la llevaran por culpa de mis problemas. Armando me pidió meterme a la casa y no salir de ahí. Espere a que ellos se fueran sin problemas y entre a casa de mi tía. Mi tío Armando estaba ahí, me dijo que me metiera a un lado, que no me preocupara. Entró ella con el oficial hasta la puerta de la casa y preguntó por mi. Mi tía me negó al igual que mi tío pero Bertha insistió delante del oficial que yo estaba ahí. Al ver a mis tíos, ya grandes de edad, pasando por un problema que no era de ellos, me sentí mal. Me asomé a encararlos y le dije al oficial que yo no había hecho nada malo, que si en verdad le pegué que ella le enseñara donde. Ella le indicó donde supuestamente había sido y el oficial, viendo la injusticia, le dijo: Señora, usted no tiene nada. Ante la insistencia de ella el oficial dijo: Quien nada debe, nada teme. Vamos a la estación. Acepté. Caminé hacía afuera, mi abuela y mis tíos Raquel y Tello habían salido a ver que sucedía, al igual que algunos vecinos. Bertha les gritaba que yo la había golpeado mientras ellos me miraban incrédulos, me conocían bien. En un momento traté de voltear y decirle delante de todos que no era cierto, pero el oficial me detuvo, me abrazó y me dijo: No le hagas caso hijo, no tiene sentido. Me subieron a la camioneta totalmente cubierta por detrás y cerraron la puerta de metal. Me senté en la orilla, al lado de la unica ventanilla que había, cubierta por una malla de acero. Y empezamos a dar vueltas y vueltas. Subieron a algunos albañiles de distintos cruceros alegando que tenían drogas o habían cometido algún delito, aunque ellos entre sus platicas se decían inocentes. Alguno de ellos sacó de su mochila algunas chuletas y chiles rellenos que llevaba para el trabajo y los repartió entre todos. Yo no acepté. Lo que menos pensaba era en comer. Ni siquiera ponía atención a lo humillante de la situación. Únicamente miraba por la ventanilla. Pensaba en mi Mama, ¿que iba a decir? Pensaba en mis hermanos, ¿que iban a decir? Pensaba en Armando, ¿y si ella le hace daño? Me sentía abandonado y yo, que estaba acostumbrado a la soledad, me sentía tan solo como nunca.

 

No se cuantas horas pasé en esa camioneta hedionda. Finalmente llegamos a la estación, nos formaron, nos pidieron nuestra información, y nos sentaron a esperar a la juez. Cuando finalmente hablé con ella, me dio algunas horas de “condena” y me pasó a los medicos. Recuerdo al oficial en turno platicar conmigo al igual que el doctor. No comprendían porque yo estaba ahí. El doctor comentó que su esposa era psicóloga, que el entendía a las personas como Bertha, me dijo que no me sintiera mal y que no me decayera. Usé mi llamada para hablarle a mi Mamá al trabajo, no tuve tiempo de contarle como fueron las cosas, y después de mal entenderlo y regañarme, me dijo que hablaría con mi tía Zorina para ver si podían pagar la multa. Me pasaron adentro junto a los demás, nos pidieron quitarnos la ropa y hacer 3 sentadillas desnudos. Nos pusimos solo la ropa interior, buscamos en una montaña de uniformes alguno que nos quedara, y nos pasaron a la celda.

 

Yo se que hay muchos que han caído a estos lugares por diferentes motivos, motivos hasta “inocentes” como caminar borracho en la calle, y varios hasta se han acostumbrado. Yo no. Nunca había estado ahí y no merecía estar ahí. Bertha les había dicho a los oficiales, y llegó a oídos de la juez, que pedía “la pena máxima” para mi. ¿Y que tal si le creían y yo me quedaba ahí por mucho tiempo?. Me sentía asfixiado, desesperado, y repito, tan solo y sin esperanzas. Por otro lado

Finalmente llegó un celador con una libreta en la mano y abriendo la reja gritó mi nombre: Adrián.

 

Yo soy Adrián Leyva

Hago una breve pausa en mi relato de vida regresando un poco al momento en el que conocí a mi familia biologica para hablar de una parte fundamental en mi vida, de uno de los pilares de mi existencia.

Cuando conocí a mi Madre Bertha fué un momento, como ya lo he platicado, muy especial que transformó mi vida. Tenía por fin a mis hermanos conmigo, finalmente tenía frente a mi la puerta de la verdad abierta y la respuesta a miles de preguntas que habían torturado parte de mi vida. La primer pregunta de corazón que le hice a ella esa tarde de emociones fue: ¿Quien es mi Papá?

Yo crecí entre mujeres, yo no tuve un modelo masculino a seguir y lo que aprendí lo aprendí por mi mismo. Me parecía un mundo distinto y raro el de todos esos niños que podían tener el cariño de un Padre, de que un hombre me abrazara, me diera cariño y se sintiera orgulloso de mi por ser como soy y por llevar su sangre.

Contaré en breve la historia y lo hare de la manera mas simple por respeto a todos. Mi Padre era un hombre casado cuando mi Mamá Bertha empezó a salir con el, contra la voluntad de mi Abuela. Cuando se embarazó de mi y decidieron darme en adopción el no lo supo en el momento, sino hasta que ya había sucedido. Según palabras de Bertha, ellos siguieron con su relación y en un inicio salían a caminar por la calle para ver si de casualidad se encontraban con mi Madre o conmigo. Bertha ni siquiera supo a quien me había entregado, ni el apellido, ni donde vivíamos. Dos años despues nace de la misma relación mi hermano menor, Luis Carlos, y terminan definitivamente sus encuentros. Tiempo después mi Padre forma un nuevo matrimonio y una nueva familia.

La primera reacción de Bertha al preguntarle por mi Padre fue negativa. “Se llama José Luis Leyva, pero no quiero que lo conozcas“. En ese momento deje de preguntar, pero dias despues se volvería en una discusión de meses, puesto que si a ella le había dado la oportunidad de conocernos y olvidar el pasado pues yo tambien tenía derecho de conocer a mi Padre, y no solo lo deseaba, lo necesitaba. Afortunadamente todos tenemos una tia alcahueta, y mi Tia Lencha era amiga de esposa actual de mi Padre. Una tarde en casa de mi Abuela, al saber ella de mi insistencia, agarro una hoja de papel, escribió el nombre de mi Padre y su numero de telefono. “Tenga m’hijo, busque a su Padre, nada mas a mi ni me mencione” me dijo. Volví a sentir nuevamente esos nervios asfixiantes de un principio y esa emoción de poder finalmente encontrarlo.

Al día siguiente fui con mis amigos Cobos y Helena a una charreada, pasamos una tarde tranquila y saliendo vinimos a mi casa. Yo sabía que Cobos no tenía dinero para la gasolina de su carro, pero el se enteró de que yo tenía el telefono de mi Padre y el sabía la necesidad que yo tenía de conocerlo y me dijo que consiguiera la dirección, que no me preocupara, que el me llevaba. Llamé al telefono con el corazón en la garganta y me contestó su esposa diciendome que el no estaba, que estaba trabajando. Pensé que mas hacer. Tome el directorio para buscar ahi su dirección, era hoy o nunca, ¿que tantos “Leyva” podrían haber en Ciudad Juárez?. Pues muchos mas de los que pensé, pero luego de una buena busqueda ahi estaba su nombre, coincidía su telefono y venía su dirección. Nos lanzamos los 3, Cobos, Helena y yo, a buscarlo, serían las 8 de la noche aproximadamente. No contábamos con que la calle era una calle privada de solamente una cuadra que nos tomo mas de hora y media encontrar. Despues de la odisea estacionamos el carro en la esquina y bajamos Cobos y yo a buscar la dirección. Mi corazón volvía a latir fuerte. Cobos caminaba varios pasos delante de mi y de repente de una casa de altos vi salir a un hombre caminando hacia su camioneta azul. Un hombre fuerte, moreno, de algunas canas, bigote. Y creo que la sangre habla mas rapido que cualquier otra cosa. Cuando Cobos volteó a decirme “Esta es la casa carnal” yo ya lo sabía. Por el area habían estado teniendo problemas de rateros y vandalos,  por tal motivo el hombre lógicamente se puso nervioso al oirnos cerca, ademas era ya algo tarde para visitas. Caminé yo y me acerqué por detras, el volteó desconfiado y le dije “Buenas noches… ¿Jose Luis Leyva?“. “Si” respondió.

Tardé meses para poder saber como encontrarlo, cuando por fin tuve el numero de telefono busque todas las maneras de encontrar su dirección, tuve la suerte de que mi amigo me pudiera llevar y tardamos mas de hora y media en encontrar la calle y la casa. Pero NUNCA me puse a pensar en que le diría una vez que lo tuviera frente a mi.

Ehhh… yo soy su hijo -le dije nervioso.

Y por dentro de mi, mi propia mente me dijo: “¿Es en serio pendejo? ¿No se te ocurrio decir nada mas?”

El sonrió haciendo un esfuerzo por no reirse y acto seguido le dije:

-Soy hijo de Bertha.

Entonces los ojos le volvieron a la Tierra y en tono mas serio contestó:

Ah si… ¿Como esta? Usted es… Carlos, ¿no?

No… yo soy Adrián, el hijo que dieron en adopción -respondí

Nunca voy a olvidar la reacción de mi Papá. Echó la cabeza hacia atras, abrió los ojos grandes al cielo y se le llenaron de lagrimas. Trató de decir un par de palabras pero no sabía ni que decir. Sacó su cajetilla y yo hice lo mismo, y encendimos dos cigarros.

Yo no quiero traerle problemas a nadie, yo lo unico que queria es conocerlo y ya pude… Si usted quiere que no vuelva no se preocupe –le dije siendo sincero.

No, no -dijo casi interrumpiendome – yo quiero conocerlo, yo quiero platicar con usted, pero deme chance, dejeme lo hablo con mi esposa para que sepa como son las cosas y pueda venir a visitarnos despues con mas calma a platicar, llameme mañana.

Asi acordamos y antes de irme nos dimos un abrazo. Que impresionante, para mi, que no lo tuve de niño y que viví una vida tan extraña y solitaria, el estar por primera vez en los brazos de mi Padre despues de haberlo soñado por años y de haberlo necesitado tanto de corazón.

En los siguientes dias fui con mi Mama Minerva y mi Tia Zorina a visitarlos. Conocí a su esposa Sara que se portó excelente persona con nosotros, y a mis hermanos Miguel, Sary y Nohemi.

Sentí por primera vez el amor y el orgullo de un Padre por su hijo y lo agradecí a Dios con todo mi ser. Al principio pudimos estar juntos mas ocasiones, pero despues, desgraciadamente no pudo ser asi. Y no fue por culpa de el ni mia para nada, sino por todos los problemas que empecé a tener yo por mi lado en casa de mi Mama Bertha y todas las cosas fuertes que se vinieron a mi vida. Afortunadamente siempre estuve pendiente de llamarlo, de ir a visitarlo aunque no pudiera hacerlo tan seguido como yo hubiera querido. Precisamente minutos antes de empezar a escribir esta publicación estuve al telefono con el, y siempre que puedo hablar con el o verlo y platicar, siempre es un regalo de Dios para mi y puedo decir que lo amo con todo mi ser.

Despues fui conociendo al resto de mi familia paterna, a mis tias, a mis tios, a mis primos, a mi hermana Norma, y a pesar de no haber crecido juntos he recibido tanto cariño.

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Viví años sin una identidad, sin sentido de pertenencia, esperando un sueño que no sabía si llegaría pero que yo le reclamaba a la vida con todas mis fuerzas. Al momento de tener a mi Padre conmigo, de poder abrazarlo, de poder decirle cada vez lo mucho que lo quiero y de poder recibir de el tanto amor y cariño, descubrí quien soy y de donde vengo.

Que gracias a el heredé mi voz y mi canto, mi amor por la musica, mis brazos fuertes, mi corazón noble, mi sangre, y hasta los cabellos que ya empiezo a perder igual que mi Abuelo, y este apellido que llevo como bandera a donde vaya y por donde camine como parte de mi identidad…

Yo soy Adrián Leyva…

Coincidencias tan extrañas de la vida…

IMG_0009“Tantos siglos,

tantos mundos,

tanto espacio,

y coincidir...”

Pasábamos por un tiempo de tranquilidad. Ya habían pasado las subidas y bajadas del principio, del momento que necesitábamos para conocernos. Los rechazos de mi padrastro y su carácter estricto seguían constantes y yo seguía pasando por muchos cambios. Extrañaba a mi Mamá mas que nunca pero a la vez estaba muy apegado a mis hermanos. Y la extrañaba mas cada vez que había alguna discusión. Bertha tenía un carácter muy difícil y yo lo heredé. Eran pleitos fuertes, palabras y reclamos muy tristes y degradantes. Pero no desistía, yo quería estar con mis hermanos por mucho que los demás me dijeran que lo mejor era regresar a mi casa.

       Habían pasado ya dos años y por aquel entonces Armando, el hijo de Jesús, que era en realidad mi primo de sangre, vivía con nosotros junto a su mujer Laura y sus dos niños, Hector y Antonio. Recuerdo muchas veces tener paseos en familia, salir todos juntos en la camioneta de Jesús e ir a las albercas o días de campo, o algunas veces simplemente estar todos juntos en la sala viendo películas y cenando y compartiendo. Sin embargo Armando y yo eramos muy lejanos el uno del otro. Compartíamos algún par de palabras de vez en cuando pero no pasaba de ahí. Como había comentado antes, todos lo tachaban de mala influencia y tenía malos hábitos. Seguramente, como en todo, habrán exagerado en algunas cosas, pero yo guardaba mi distancia y la verdad eramos prácticamente dos extraños a pesar de ser familia y vivir en la misma casa. Para mi el era un cholo desmadroso y yo para el era un fresa berrinchudo y pedante.

       Una noche, estando en la recamara mi hermano Carlos y yo, llegó Armando a jugar Play Station con nosotros. Era raro que el se acercara pero últimamente lo hacia mas seguido para jugar. Y estando ahí sentados empezamos a platicar y entre platica y platica, no recuerdo a quien de los tres se le ocurrió ir a comprar cerveza y meterla de contrabando a la casa, porque Jesús ni de chiste nos permitía tomar estando ahí a menos que fuera alguna fiesta familiar.

       Habiendo planeado todo, aventé mi mochila vacía desde la ventana de la recamara, bajé discretamente las escaleras y salí. Armando salió después de mi y nos fuimos a la licorería. No podían vernos juntos, iban a sospechar, ¿que hacían Armando y Adrián saliendo juntos de noche si ni siquiera se hablaban? Como pudimos regresamos con cerveza escondida en la mochila, nos encerramos los tres en la recamara y empezamos nuestra fiesta. Platicábamos, jugábamos, nos reíamos y la gente abajo ni cuenta se daba. Terminó la primer ronda y eran ya pasadas las 12 de la medianoche. Aprovechamos que Bertha y Jesús no estaban y salimos Armando y yo por mas. El problema fue al regresar. Armando se entretuvo platicando con unos amigos y Bertha y Jesús volvieron a casa. Tocamos la reja y salió Jesús. “¿Y ustedes dos que hacen juntos en la calle a estas horas?” preguntó extrañado. Para guardar la botella de “caguama” que cargaba desabroché mi pantalón y la escondí por detrás. Si, en las nalgas. Entre girando lentamente, inventamos alguna excusa, le hicimos un par de bromas y regresamos a la recamara. Para entonces mi hermano ya se había dormido y Armando y yo seguimos nuestra fiesta.

       “¿Alguna vez te has dado cuenta de que a ti y a mi son a los que nos tratan peor aquí?” me preguntó Armando. Y tenía razón, éramos considerados los “arrimados”. Platicamos asuntos mas serios, me contó cosas personales que nunca imaginé y yo también le dije algunas mias. Y empecé a darme cuenta que no eramos tan distintos y que no era tan malo como decían. Muchas veces hacemos juicios sobre los demás por las cosas que nos dicen de ellos y que no nos constan, pero al acercarnos nos llevamos una sorpresa. Armando era de buen corazón. Se escondía en su mundo, tenía sus miedos, sus perdidas y sus heridas, exactamente igual que yo. Salimos un par de veces mas por cerveza brincándonos la reja de la entrada. Caminábamos por la calle atacados de risa y jugando como si fuéramos niños. Yo no se si no se dieron cuenta Bertha y Jesús o si simplemente nos dejaron ser libres esa noche, porque hicímos mucho ruido. Empezando a salir el sol Armando se acostó en el colchón donde dormía, pegado al ventanal de su recamara. Yo traté de mantenerlo despierto para seguir la fiesta pero no podía ni con mi alma y caímos los dos dormidos y borrachos en ese colchón. Los que no se hablaban ni hacían ronda para nada, borrachos y dormidos en el mismo colchón.

       Recuerdo al día siguiente despertar con una cruda horrible, voltear a ver a mi lado a Armando y en medio de los dos un limón seco. Se despertó el y nos pusimos a platicar. Pero ya no eramos los mismos, algo era distinto, había cambiado la manera en la que nos veíamos. Era un sentimiento extraño, un apego nuevo, como si nos conociéramos de toda la vida, como si asumiéramos todo lo que habría de venir. Y hay algo que se quedó grabado muy dentro en mi mente. Como dije, antes de esa noche nosotros eramos prácticamente desconocidos, sin embargo esa mañana siguiente salieron palabras de mi boca que hasta la fecha no se porque dije, pero fueron palabras de las que no me arrepiento, una promesa que cumplí fielmente. Yo creo en Dios mas que en nadie, no creo que haya sido una casualidad.

No nos conocemos mucho, pero eres mi primo, eres mi sangre, y yo se que le has fallado a la gente antes y yo se que quizá me vas a fallar a mi también, pero te quiero y siempre puedes contar conmigo para lo que necesites

       Acto seguido me incliné y lo abracé con la confianza de quien abraza a su hermano de sangre. Sentí como si el se hubiera extrañado por mi muestra de afecto pero correspondió al abrazo y me dijo “Yo se a quien y a quien no, y a ti nunca te voy a fallar, eres mi familia y también cuentas conmigo“.

Es curioso que al empezar a escribir este relato ha comenzado a llover muy fuerte, como si el cielo lloráse de recordar. Como si lloráse conmigo.

Es necesario que Dios mueva el mundo entero para hacer que dos personas coincidan en el mismo tiempo y espacio, y una vez estando cerca, lograr que se miren el uno al otro y se vuelvan uno mismo.

Esa noche, sin saberlo, se abrió una puerta enorme para mi, en el momento mas fuerte de incertidumbre y oscuridad de mi vida y en el rincón donde menos lo imaginaba. Esa noche encontré a la persona mas impresionante que he conocido en mi vida, el que vino a cambiarlo todo. Mi mejor amigo, mi cómplice, mi compañero en las buenas y en las malas, mi hermano del alma.

Y nunca, ni con el esfuerzo de todos los días de mi vida, podré pagarle a Dios por ese regalo.